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Francisca: la exitosa culminación de una etapa

Una enumeración de las causas que hicieron del show de ayer de Francisca y los exploradores, un acontecimiento destacable

PH: Leandro Frutos

Francisca: la exitosa culminación de una etapa

El ininterrumpido ascenso del proyecto que Fran Saglietti denominó alrededor del 2012 Francisca y los exploradores, llegó a su cénit ayer en Niceto. Más de 1000 personas asistieron a lo que fue una celebración musical indispensable, por varios motivos que me propongo abreviar en una sucinta enumeración:

1)Vocación por la calidad

Desde la publicación de Barbuda, que Francisca se propuso evolucionar con el público que lo empezó a acompañar fielmente. Pero asumir ese compromiso, implica precisamente no darle al que escucha o asiste lo que por instinto cree desear. Sólo el artista sabe qué es lo que su obra necesita para que el crecimiento suceda, por eso la decisión de reversionar constantemente la obra propia y siempre proponer espectáculos diferentes, aleja las presentaciones de lo predecible y las vuelve acontecimientos únicos e imperdibles

2) Inscripción en el rock nacional

Durante el evento hubo muchos invitados y referencias tanto a la contemporaneidad como al pasado y la tradición rockera. Esta última esfera, se vio cifrada por los covers de Alta suciedad, de Calamaro y Para siempre, de los Ratones, que originalmente cuenta con un feat de Julieta Venegas, reemplazada de manera impecable por Nathy Cabrera, bajista de la agrupación. La participación en el show de Gonzalo Aloras terminó de enmarcar la para nada evidente afiliación estética de Francisca en una tradición en apariencia devaluada, pero indudablemente colmada de canciones y artistas fundamentales. La decisión del artista cordobés de reivindicar estas referencias ante un público más bien joven y rupturista es por tanto una operación contracultural y valiente (quiero decir: en ese Niceto lleno de indies, hubiera sido mucho más fácil y efectivo versionar a Spinetta o Charly que a Calamaro y Juanse).

3)Respeto

El respeto al público, a los colegas músicos, a la gente que labura en cada aspecto relacionado con la concreción de un espectáculo, ya sea escenario, limpieza, producción, etc., es importante. Pero lo más importante es el respeto a la obra propia, dado que de ahí se cristaliza la verdadera intención de un artista. Y la obra de Fran tiene un lado acústico, que era muy difícil de hacer convivir con su lado eléctrico y electrónico que pega muy bien con Niceto. Y sin embargo, Francisca no tuvo problemas en ofrecer su lado más telúrico y poético. Y a ese gesto artístico se le sumó un gesto que en mi humilde opinión fue uno de los más lindos momentos de la noche: Luego de tocar tres temas acústicos al hilo, Fran le cedió las tablas a Candelaria Zamar, para que cantara “Hijo del agua”, una de las canciones más lindas de Barbuda.

4) Fiesta

La noche fue abordada por Francisca como un cumpleaños, el de una obra muy joven con ganas de celebrar que está viva y que aún le falta mucho por crecer. Y el pulso de las vibraciones fueron en esa dirección: vitalidad, movimiento y un presente en consonancia con la efervescencia cultural que ayer demostró que abraza las canciones de este artista cordobés que, no les quepan dudas, va a llegar estúpidamente lejos.

Por Pierre Froidevaux